Los fans de la ciencia ficción están de enhorabuena, especialmente aquellos que se vuelven locos con las paradojas de los viajes en el tiempo, las realidades paralelas y los multiversos como yo. Hoy os traigo mi descubrimiento más reciente: Coherence. Una película de apariencia muy sencilla, con un presupuesto tirando a bajo y rodada prácticamente en un solo escenario, pero con un punto de partida tan interesante y original que demuestra una vez más que no se necesita de grandes lujos para hacer arte del bueno.

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Sintiéndolo mucho he de decir que es de esas películas que contra menos se sepa de su argumento más va a disfrutar uno al verla. Así pues, me limitaré a decir que la historia se centra en una cena entre ocho amigos justo la noche en que pasa un cometa muy cerca de la Tierra. Todo va bien hasta que de golpe se va la luz durante un momento y entonces… empieza lo bueno. Sí, ya sé que como sinopsis es una mierda, pero confiad cuando os digo que es mejor así. La cinta juega sobre las posibilidades de la teoría de El Gato de Schrodinger, aquella que dice que si metemos a un gato dentro de un búnker junto a una bomba con un 50% de posibilidades de detonar, nunca sabremos si el gato está vivo o muerto hasta que abramos el búnker y miremos dentro, por lo tanto hasta que no hagamos esto las dos realidades estarán coexistiendo. O algo así, tampoco me hagáis mucho caso que yo de ciencia y física no es que sepa mucho. Sin embargo los que si que sepan un poco sobre física seguro que ya os estará empezando a picar un poco la curiosidad, incluso sin tener mucha idea del tema solo hace falta ser un fan de la ciencia ficción para interesarse por una película como Coherence. Si eres de esas personas que disfrutó con Los Cronocrimenes, Primer o The Man From Earth, te puedo garantizar casi al 100% que vas a gozar con Coherence. Es de esas películas de ciencia ficción que reivindican la importancia del concepto, la teoría y lo que se está tratando de contar por encima de los efectos especiales y los giros de guión rebuscados. Es una película con la que quedarte dándole vueltas al tema y como encima seas tan insensato de verla con alguien ya te aseguro horas y horas de denso debate acerca de lo que acabáis de ver.

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Hay que decir que si Coherence funciona tan bien es justamente porque se espera poco de ella. Uno después de verla se queda impactado, intenta digerir y analizar lo que acaba de ver, pero queda un regusto amargo. Es el regusto de “se podría haber sacado mucho más partido”, pero este regusto es normal, sucede casi siempre en este tipo de películas. Cuando una película, serie o libro nos mete una idea nueva, una teoría loca con la que poder jugar con la realidad que nos rodea nunca tenemos suficiente. Siempre queremos más ejemplos, más situaciones hipotéticas, nos metemos de lleno en el juego y empezamos a pensar “Hey! Eso está muy bien, pero si en vez de eso hago tal cosa. ¿Que pasaría?” y entonces salen los títulos de crédito y el juego ha terminado. Supongo que esa también es una virtud innegable de la película, que 90 minutos de unos tíos interactuando en el mismo escenario se te pasen volando y encima quieras más.

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En resumidas cuentas, si te gusta la ciencia ficción ya estás tardando en verla. Si eres de esos que cuando te dicen que una película es puro diálogo, con un plantel de actores muy limitado y que encima es indie ya empiezas a bostezar ni te molestes. Cabe destacar que la película fue estrenada en 2013, pero que en nuestro país llegó justo este año. Pasó por las   salas de tapadillo, sin pena ni gloría, como suele pasar con este tipo de cine. Una tragedia.