Se ha extendido la creencia de que Whiplash va sobre un profesor que grita mucho y es muy cabrón y ya está. Como si se tratara de un “Sargento de Hierro” en versión orquesta de jazz. No podría estar más en desacuerdo. Quedarse en eso es tratar a la película de forma muy superficial y arriesgarse a perderse uno de los mejores estrenos de lo que llevamos de año.

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Una vez vista la película puedo confirmar que lo verdaderamente importante de ella es el personaje de Miles Teller y el planteamiento de hasta donde serías capaz de llegar para conseguir alcanzar tu meta en la vida, convertirte en uno de los grandes y pasar a la historia. ¿Cuanta presión estaríamos dispuestos a soportar? ¿Que seríamos capaces de sacrificar? ¿Arrojaríamos la toalla a medio camino? El protagonista va a dejarse sudor, lágrimas y sangre en su gran pasión que es tocar la batería, hasta llegar al punto de que su sueño se convierta en pesadilla. En mi opinión es de esto de lo que trata Whiplash.

A lo largo de todos estos años el cine siempre ha tenido ese mensaje de perseguir tus sueños y no rendirte nunca en sus películas, pero en Whiplash muestra lo verdaderamente duro y arduo que es ese camino. Y lo mejor de todo es que el espectador puede llegar a la conclusión de que quizás el sacrificio sea excesivo y no valga la pena. La figura del profesor tirano e hijo de puta no es como la vista en otras películas, en que simplemente es un profesor duro y exigente, pero que en realidad aprecia a sus alumnos. No, es justamente lo que parece. No está en la película para hacernos reír en sus escenas con insultos ocurrentes sino más bien para causarnos miedo y rechazo hacia ese mundo de exigencia y grandeza al que quiere llegar el protagonista. Pero aún así, la película nos explica el por qué de la forma de actuar del profesor y llegamos incluso al punto de comprenderlo, lo cual hace que el personaje gane más profundidad.Las dos palabras más dañinas de nuestro idioma son “Buen trabajo”, sin duda, la frase de la película.

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La historia gira alrededor del profesor ultraexigente y del alumno obsesinado con superarse y estar a la altura de las exigencias de su profesor, pero de fondo tenemos la figura de la novia y el padre, que aunque en un principio pueda parecer que su papel en la película es mínimo en realidad su aportación es clave, porque su visión de las cosas es la nuestra (o la de la gran mayoría de espectadores). Ellos no son capaces de entender estar bajo la presión insana de ese profesor, ni tampoco de todo lo que está dispuesto a sacrificar el protagonista.

Entrando en materia de interpretaciones, sin duda J. K. Simmons hace un papel inmenso como profesor hijo de puta, pero Miles Teller no se queda atrás. Los dos forman un tándem perfecto en la película y cada escena en que somos testigos de la eterna batalla entre alumno y profesor es una maravilla que va a conseguir dejados enganchados mirando la pantalla.

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Muy probablemente, si no hubiese sido por los 15-10 minutos finales, mi visión y entusiasmo por la película serían muy diferentes, pero la escena final de Whiplash ya os avanzo que es lo mejor de todo el metraje. Es como si todo lo que nos hubieran enseñado hasta ahora hubiera sido sólo una excusa para poder llegar a ese potentísimo final. Me cuesta una barbaridad expresarme con claridad llegados a este punto de la crítica sin entrar en el spoiler así que únicamente me queda recomendaros que la veáis, os dejéis llevar y disfrutéis del ritmo de la batería.

Como prueba final de lo mucho que me ha gustado Whiplash os diré que antes de verla no escuchaba jazz y ahora incluso escribiendo esta crítica no puedo dejar de hacerlo.