Los Guardianes de la Galaxia lo han vuelto hacer, nos han dado todo lo que nos prometieron, nos encontramos con una segunda parte al nivel de su antecesora.

Tiene acción, mucho humor y nos dan la oportunidad de conocer mejor a los personajes.

Star Lord es protagonista absoluto, Chriss Pratt lo hace genial tanto en los momentos más cachondos como en los más introspectivos, donde tiene su trauma de no conocer a su padre, como su relación con Gamora  y el resto de sus compañeros.

Es un gran acierto contar con Stallone y Kurt Rusell, con una secuencia de inicio con un rejuvenicido Rusell con el noviazgo con la madre de Peter Quill, que es alucinante, mejor conseguido que la Leia de Rogue One.

La película funciona mejor cuando está el grupo unido y en un momento que están separados se vuelve un poco más lenta, pero sin llegar a aburrir.

La relaciones de familia disfuncional funcionan muy bien, tanto Star Lord con su padre, Gamora y Nébula en su perpetuo combate, los caracteres autodestructivos de Yondu y Rocket.

Es genial cómo James Gunn construye gags utilizando el suspense, la repetición y estirando las acciones en situaciones de urgencia: atención particular merecen las distintas ocasiones en las que la vida de Rocket depende de la maña y la comprensión verbal de Baby Groot.

Baby Groot es enternecedor y todos queremos tener uno igual en casa, aunque sea raro prefiero el grandote de la primera parte.

Aunque echaba en falta algo más a favor de la trama conjunta para la guerra con Thanos y el guantelete del infinito con sus respectivas gemas. Sin hacer spoilers importantes, diré que el momento final más sensiblero me tocó el corazón y casi me pongo a llorar en el cine.

La película dura más de dos horas y pasan como un tiro, es muy trepidante y pasa muy rápido, ojo con las 5 escenas extras.