El pasado viernes tuve la suerte de poder ver la última película de Quentin Tarantino en el cine Phenomena de Barcelona. La única sala en todo el país que la proyectaba en su formato Roadshow. Disfruté de la película, pero al terminarla salí con un regusto amargo. Tenía una sensación de que lo que acababa de ver no había sido suficiente. Me encontraba ante otro de los muchos casos en que la película no había sobrevivido al hype. Este hecho es bastante curioso ya que Los Odiosos Ocho debe ser la película de Tarantino que menos hype ha creado, o por lo menos es lo que yo he percibido. Si comparo los estrenos de Malditos Bastardos y Django Desencadenado, en que tanto redes sociales como prensa especializada bombardeaban constantemente con sus impresiones de la película (tanto positivas como negativas), con el de Los Odiosos Ocho queda más que claro el poco interés que ha despertado ésta. No sé si ha sido culpa de una floja promoción de la película, pero lo que sí sé es que estrenarse tan cerca de la nueva entrega de Star Wars ha sido un error gravísimo.

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Dejando a un lado todo esto, que no influye en nada a la calidad de la cinta, empecemos con lo que de verdad importa. Los Odiosos Ocho sigue siendo puro Tarantino, todos los elementos de su cine están presentes y se nota una especial mejora en la parte técnica. Posiblemente lo que más haya disfrutado de la película son sus planos. Sin embargo me parece una película con demasiados peros.

Desde Death Proof Tarantino ha cogido el gusto por las escenas largas, con mucho diálogo, para crear tensión y que la acción estalle en el momento indicado para crear un mayor impacto. Tenemos como ejemplos rápidos la escena de la taberna en Malditos Bastardos y la de la cena en la mansión del Señor Candie en Django Desencadenado. En Los Odiosos Ocho la tensión de que algo terrible va a suceder se crea nada más empezar y se alarga hasta prácticamente toda la película. El problema es que la tensión se va diluyendo a medida que avanza y el clímax de las escenas no están realmente a la altura.

Hacia el final de la película sentí que dos conceptos se me habían repetido constantemente en la cabeza: desaprovechado e innecesario. Son dos palabras que nunca había asociado a ninguna de sus películas, incluso a las que menos me han gustado como son Jackie Brown y Death Proof.

En primer lugar, siento que ha sido desaprovechada, porque la idea principal era muy buena, en lo personal me encantan las películas que se centran en la interacción entre personajes que tiene conflictos entre ellos y si encima haces que prácticamente todo suceda en un único escenario, creando así una sensación de claustrofobia ya me tienes comprado. Sin embargo siento que se podría haber sacado mucho más partido si para empezar todos los personajes involucrados hubieran dado juego de verdad. Es a partir de aquí que debo avisar que lo que viene ahora puede contener información que interpretéis como spoiler. No voy a contar nada de la trama, pero debo comentar cosas relacionadas con la participación de los personajes así que si sois muy sensibles a los spoilers (como yo) os recomiendo salir.

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No me voy a andar con más rodeos. Los personajes de Tim Roth y Michael Madsen estan tremendamente desaprovechados. Duele especialmente porque son dos actores míticos en las películas clásicas del director que por lo menos yo tenía mucho interés en volver a ver en acción en una nueva entrega con Tarantino, pero debo decir que para lo que han hecho más hubiera valido que no aparecieran. Tim Roth empieza fuerte, interpretando un rol que parecía destinado a Christoph Waltz y dándonos algunas de las mejores lineas de la película, pero su papel se acaba diluyendo hasta que finalmente parece como no saber ni que pinta allí. Con Michael Madsen la cosa aún es peor, a parte de que su intervención es casi mínima da la sensación de que el propio actor se aburre y no sabe ni que hace allí. Es casi como ver al niño que le toca hacer de árbol en al función de la escuela. Y sí, ya sé que Madsen tiene esa cara de perdonavidas en todas las películas como haciéndonos saber que él sabe algo que nadie más sabe y que está tan por encima de la situación que la aborrece. Esa es su actitud en Reservoir Dogs y en Kill Bill, pero en ambas películas su personaje acaba teniendo una función, una escena en la que lucirse y demostrar que su personaje no debe tomarse a la ligera. En Los Odiosos Ocho acabas por pensar que estaba allí para completar el número de personajes.

Por el otro lado tenemos la redundancia de algunas escenas. En el cine de Tarantino suelen haber escenas muy largas y diálogos enteros que parecen no ir a ninguna parte, pero sirven para desarrollar a los personajes y definir su película. La famosa escena de Pulp Fiction en que Vincent y Jules hablan de las hamburguesas parece no ir a ninguna parte y no tener cabida en el argumento y desarrollo de la película, pero tiene la función crucial de humanizar a los personajes y acercarlos al espectador al mostrar a dos sicarios manteniendo una conversación fútil como las muchas que tenemos nosotros mismos a diario. En Los Odiosos Ochos tenemos diálogos de éste tipo y desde luego no son a los que yo me refiero. A lo que yo me refiero es especialmente a un flashback que sucede hacia ya pasada la mitad de la película para narrarnos algo que ya sabemos que ha sucedido y que realmente no aporta anda nuevo a la trama. Son veinte minutos de película para crear tensión por algo que ya sabemos que va a pasar y que ni tan siquiera sirve para aportar algo a lo que vendrá más adelante. Si bien es cierto que sirve para presentar personajes nuevos, son personajes que no van a tener más relevancia en la trama que en dicho flashback. Es más, la ausencia de dicho flashback hubiera resultado mucho más interesante. Kill Bill tiene numerosos flashbacks, pero todos sirven para aportar algo. En Los Odiosos Ocho parece que esta por estar. A lo largo de dicha escena uno espera encontrar algún dato nuevo que cambie el curso de la trama actual, alguna sorpresa, pero no hay nada de todo esto. Un ejemplo en Kill Bill es el flashback del entrenamiento con Pai Mei. a parte de que sirve para presentar a uno de los personajes más emblemáticos y queridos del cine de Tarantino sirve para dar más sentido al enfrentamiento entre Beatrix y Elle Driver además de dejar ir la técnica mortal con la que acabara la película.

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Me gustan los flashbacks, son uno de los recursos narrativos con los que más disfruto y que más útiles me parecen, pero a la hora de utilizarlos uno debe preguntarse ¿realmente lo necesito? ¿realmente voy a aportar algo nuevo o interesante para la trama? ¿O simplemente voy a utilizarlo para ilustrar algo que ya sabemos?

Los Odiosos Ocho recuerda mucho a las novelas de Agatha Christie. Nos presentan un crimen y una serie de sospechosos de los cuales hay uno o varios que nos están mintiendo y debemos averiguar quien es. Especialmente se parece a “Los Diez Negritos” y que casualmente recuerda bastante al título de la película. Pero además de todo esto también lo recuerda la forma en la que se desenvuelve la trama, por momentos parece más que estas viendo una obra de teatro que una película y no lo digo como algo negativo.

Mi crítica parece algo pesimista, pero creedme cuando os digo que me ha gustado mucho Los Odiosos Ocho. Tiene más de Reservoir Dogs que de Django Desencadenado. Samuel L. Jackson demuestra que da igual cuantos años pasen, a él no le pesan y sigue siendo el puto amo. Él solito se come las escenas en las que sale y la película entera. Tarantino sigue dándonos escenas que únicamente él podría hacer y diálogos con los que regocijarse. Pero no está a la altura de lo que una vez nos dio.

Hace poco leí de alguien que decía que el principal problema del actual Tarantino es que tenía demasiada conciencia de si mismo y tras ver Los Odiosos Ocho no podría estar más de acuerdo.